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miércoles, 8 de mayo de 2019

Reivindicando a Plutón: Ciencia, tecnología e innovación en el Plan Nacion...

Reivindicando a Plutón: Ciencia, tecnología e innovación en el Plan Nacion...:  Artículo publicado originalmente por Brenda Valderrama en la Columna "Reivindicando a Plutón" del Sol de Cuernavaca el 6 de mayo de 2019.


La obligación del Estado Mexicano de garantizar el uso racional y eficiente de los recursos de la nación es un mandato social. Con la finalidad de establecer los lineamiento bajo los cuales deberá llevarse a cabo la planeación del gasto se emitió desde 1983 una normatividad especial, la Ley de Planeación la cual es de observancia obligatoria y establece con precisión los lineamientos bajo los cuales deberán llevarse a cabo dos acciones fundamentales del ejercicio público: la planeación y la programación. 

Entendemos como planeación el “medio para el eficaz desempeño de la responsabilidad del Estado sobre el desarrollo equitativo, incluyente, integral, sustentable y sostenible del país” bajo los principios del fortalecimiento de la soberanía, la independencia y autodeterminación nacionales, preservación de la democracia, igualdad y la protección de los derechos humanos. La programación, por su lado, es el instrumento que permite la distribución de los recursos fiscales que administra el Estado con la finalidad de atender las múltiples necesidades y demandas de la población. Ambos procesos deberán basarse en las propuestas que emanen de los diferentes entidades, órganos constitucionales autónomos, gobiernos estatales y municipales así como de la consulta libre e informada de la sociedad.

Cada administración presenta al principio de su gestión lo que será su Plan de Desarrollo el cual se espera contenga, enmarcado en la visión del régimen, los resultados de la consulta previa la cual se debió haber convocado por sectores dando lugar a sendos capítulos. Como parte del sector científico y tecnológico, este año participamos en dos diferentes ejercicios de consulta para el Plan Nacional de Desarrollo. Uno de ellos fue convocado por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico y el otro por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

El pasado 30 de abril, a escasos minutos de la conclusión del plazo de entrega, se recibió en la Cámara de Diputados la propuesta del Ejecutivo Federal para el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 consistente en dos documentos. En el primero de los documentos se identifica a la investigación científica como un medio para generar “Economía para el bienestar” y se le asigna una sección con la siguiente redacción: “El gobierno federal promoverá la investigación científica y tecnológica; apoyará a estudiantes y académicos con becas y otros estímulos en bien del conocimiento. El CONACYT coordinará el Plan Nacional para la Innovación en beneficio de la sociedad y del desarrollo nacional con la participación de universidades, pueblos, científicos y empresas”. 

En el anexo al documento se identifican siete objetivos asociados a los temas de ciencia, tecnología e innovación en las áreas de educación, salud, medio ambiente, desarrollo económico y energía los cuales se transcriben abajo. De manera relevante, se menciona la creación de un Sistema Nacional de Innovación asentado en la Secretaría de Economía que buscará promover la investigación científica de frontera con la finalidad de fortalecer la competitividad de la industria nacional mediante la transferencia de tecnología. Este concepto contrasta con el desarrollado en el documento principal donde se encomienda al Conacyt la creación del Plan Nacional de Innovación, mayor el reto todavía porque en el Consejo se realizó una reestructura que desapareció la Dirección Adjunta de Innovación desde principios de la administración.

Con respecto a la correspondencia entre el Plan Nacional de Desarrollo y el Presupuesto de Egresos 2019 dentro de la función de Ciencia, Tecnología e Innovación dotada con 49,773 millones de pesos encontramos  algunas entidades como las Secretarías de Salud, de Medio Ambiente y de Educación Pública que hicieron previsiones presupuestales y plantean objetivos en ese sentido, otras como Agricultura o Comunicaciones y Transporte cuentan con presupuesto pero no lo asocian a ningún objetivo en particular.


Entre los aspectos positivos del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 encontramos la voluntad de seguir apoyando la investigación científica en áreas estratégicas para el desarrollo del país así como la formación de especialistas y el estímulo a la productividad sin embargo no existe correspondencia con el presupuesto lo que retrasará su implementación. Ahora tocará a las diferentes áreas de la administración federal convocar a los foros de consulta para los programas sectoriales y especiales, entre los que se encuentra el que es responsabilidad del Conacyt, que es el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación PECITI para el cual ya estamos preparados. Esperamos que en esta ocasión sí se tomen en cuenta los resultados de los ejercicios de consulta. 






lunes, 14 de enero de 2019

El Fin del Petróleo -- Precios del Petróleo

Ediciones B, Barcelona
Trad. de Jordi Vidal





PRECIOS DEL PETRÓLEO.  Por Pedro A. Merino.

Esta variable –precio del petróleo–, después de pasar casi inadvertida en los medios de comunicación durante gran parte de la década de los noventa, saltó de nuevo a la actualidad a partir de mediados de 1999, para ocupar las primeras páginas de todos los periódicos en el otoño del año 2000, cuando los precios se situaron por encima de los treinta dólares/barril. Desde entonces, con más o menos intensidad ha pasado a ser una de las variables económicas más mediáticas. Las razones son bien conocidas: el precio medio del petróleo de calidad Brent2 en 2004 fue de 38 dólares. En el período 1999-2004 el precio medio fue de 29 dólares, un 39,5% superior al del período 1986-1998.Finalmente, el promedio en el primer semestre de 2005 fue de 50,34 dólares por barril, alcanzando un máximo histórico de 59,59 dólares el 27 de junio de 2005.
Desde finales del año 2000, los precios del petróleo no han dejado de ser un tema de debate tanto en relación con sus implicaciones macroeconómicas –efectos sobre el crecimiento económico– como en torno a las causas del alza de los mismos. En los últimos doce meses –y el libro de Paul Roberts es una prueba– el debate ha ido en aumento, apareciendo voces cada vez más numerosas que cuestionan la capacidad de la futura oferta de petróleo para hacer frente a una demanda que crece más de lo esperado. El reflejo de esta opinión en los mercados es el mantenimiento de elevados precios del petróleo. La idea de que los precios altos continuarían en el futuro comenzó a generalizarse cuando en los mercados de operaciones a plazo se consolidaron, en el primer trimestre de 2004, precios para entrega dentro de cinco años por encima de los 30 dólares/barril de Brent. En febrero de 2005 el precio a plazo superó los 37 dólares y a principios de junio se sitúa ya en más de 53 dólares.

Es en este contexto de precios al contado y a plazo en niveles máximos históricos en el que intenta analizarse cuáles son las fuerzas prevalecientes, hoy, en el mercado y si la dinámica de estas fuerzas revela que esta situación puede continuar, tanto a medio plazo, es decir, en los próximos 18-24 meses, como a largo plazo.
Con este fin, hay que examinar la demanda actual y previsible y compararla con la que se predecía hace dos años, prestando atención no sólo a su mayor crecimiento, sino a la sorprendente fortaleza de éste en un entorno de precios más altos de los previstos. Igualmente, debe analizarse la oferta actual y futura de petróleo. Para ello, previamente, se introduce el concepto de reservas de petróleo, de tal forma que se facilita una mejor comprensión del papel preponderante que desempeña la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en el mercado, tanto por producción como por la posesión de la mayor parte de las reservas de crudo. También es muy importante entender cómo las expectativas sobre los precios a largo plazo influyen de manera determinante en los gastos de inversión de las compañías privadas internacionales de petróleo y, de esta manera, en la respuesta de lo que se conoce como «la producción en países no OPEP».
Antes de iniciar este análisis, es conveniente situar en perspectiva los niveles de precios del petróleo de los últimos meses. El precio medio del crudo de calidad Brent en 2003 fue de 28,8 dólares/barril y el precio medio de 2004 ha sido de 38,2 dólares; estas cifras en euros son de 25,5 euros/barril en 2003, al tipo de cambio medio del período, y de 30,8, al tipo de cambio medio de 2004. Por último, el día 4 de julio la cotización de cierre del Brent fue de 48,68 euros por barril, equivalentes a 57,94 dólares.